EN BUENOS AIRES HAY UN LOCO QUE SE CREE GARDEL
Cree que tiene la pinta, el sombrero y el repertorio de Carlos Gardel, pero es un pobre hombre de voz destemplada que se hace llamar Gardelito y se ubica en una de las esquinas del tradicional barrio de San Telmo de la capital argentina para decir que es conocido en todo el mundo, mientras muestra dos periòdicos de Irlanda y Estados Unidos, para contar que està saliendo en una propaganda en Colombia e insistir hasta el cansancio que no es un vulgar imitador.
Ahì està todos los domingos con su voz cansada, para tratar de demostrar que es un cantante genuino y que puede hacer sus propias versiones de tangos tan inmortales como mi Buenos Aires Querido y Caminito y hasta para soñar ìntimamente que Gardel es quien lo imitò.
No es ni sombra del llamado "Zorzal Criollo", como se le conocìa a Carlitos, para llamarlo cariñosamente como suelen hacerlo los argentinos con sus ìdolos, pero èl insiste en que es el sucesor de Gardel.
Ahì està todos los domingos con su voz cansada, para tratar de demostrar que es un cantante genuino y que puede hacer sus propias versiones de tangos tan inmortales como mi Buenos Aires Querido y Caminito y hasta para soñar ìntimamente que Gardel es quien lo imitò.
No es ni sombra del llamado "Zorzal Criollo", como se le conocìa a Carlitos, para llamarlo cariñosamente como suelen hacerlo los argentinos con sus ìdolos, pero èl insiste en que es el sucesor de Gardel.
Pretende vestirse como èl, se apropio de sus canciones y las ha grabado en varios cds que vende con la promesa que tiene incluidas cinco guitarras y la voz de Gardel, pero canta como un tal Carlos Lujàn, que naciò en la provincia argentina de Santa Fe, Argentina, ocho antes que el famoso cantante de tangos muriera un 24 de junio de 1935 en un accidente aèreo en el aeropuerto Olaya Herrera de Medellìn.
Para ser tan pequeño, uno no se imagina como Gardel pudo en esa època decirle el personaje de nuestra historia que querìa que fuera su sucesor, que siguiera su camino, que fuera el nuevo intèrprete de su voz vigorosa para no dejar morir el tango y que perpetuara de alguna manera esa sonrisa seductora que esbozaba mientras interpretaba Yira o cantaba "el mundo es y serà una porquerìa ya lo se".
Claro que este hombre llama la atenciòn porque siempre exhibe como su màs preciada escenografìa una foto de Gardel junto a la suya y los recortes de algunos periòdicos que han reseñado la osadìa de este hombre que se dice el sucesor de Gardel.
De seguro ningùn lugar del mundo se pelearìa por ser el lugar de nacimiento de Gardelito, pero resulta simpàtico acercarse para conocer la historia contada por este hombre que cambia monedas por la màs despiadada versiòn de un tango que habla de nostalgias, calles oscuras, amores imposibles, ausencias y regresos. Lo que dicen todos los tangos.
Gardelito tiene un vestido ajado, un sombrero viejo y se le nota a leguas que a pesar de sus miserias es un hombre vanidoso que se ha maquillado descuidadamente para disimular las arrugas y que ha abusado del uso de un perfume dulzòn que parece de arrabal, para que parezca tango y cuyo olor se escurre a rachas por el descuidado esplendor de su viejo vestido de paño.
Todo ello parece hacer parte de su puesta en escena y de la parafernalia para hacer creer a los desprevenidos transeuntes que Gardel no muriò en Medellìn.
Aprovechando siempre la presencia de turistas, el pretendido cantante suele pararse frente a la calle Dorrego, en el tradicional barrio de San Telmo, que fue uno de los sectores màs tradicionales de Buenos Aires.
Aquì hay un mercadillo en dònde se encuentre de todo y de todo es todo. Bizcochos, artesanìas, un lector de cartas, un libro viejo,una vitrola que muele una canciòn francesa, un grupo de mùsica latinoamericana, una setentona en minifalda y traje de tango que se hace llamar "la maleva de San Telmo", una mujer que invita a los turistas a tomarse una foto con ella mientras hace sonar una alegre melodìa con un raro instrumento de plàstico y todos los locos del mundo que saben algùn oficio o venden cualquier cosa por unos pesos.
Con su vieja guitarra frente al nùmero 1056 y en medio de las ajadas fotografìas de Gardel, allì està cada domingo Gardelito cantando sin saberlo la historia del viejo barrio de Boca, cuando se anima a cantar Caminito.
Nadie sabe en Tacuarembò Uruguay, ni en Buenos Aires, ni en Medellìn, quien es Gardelito, ni mucho menos quien es el tal Carlos Lujàn que insiste que no es un imitador y que es genuino e irrepetible.
Bajo el viejo alar de una casa de San Telmo, Lujàn o Gardelito estarà cada tarde de domingo con todo su repertorio de tango, ajeno a los cuestionamientos de los curiosos paseantes que piensan que sòlo a un loco se le puede ocurrir que es Carlos Gardel.

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