Indalecio Castellanos

Wednesday, November 29, 2006

AMBAR Y LARIMAR, REGALOS DE LA NATURALEZA

Ellas no se llaman ámbar y larimar, son las hermanitas Aquino, que conocí en el pequeño pueblito que se llama Monte Plata y está ubicado como a una hora de la capital dominicana. El nombre de este pueblo es una composición de Puerto Plata y Monte Cristi, porque la mayoría de los habitantes de esta población llegaron de estos dos municipios.
Estas dos niñas son adorables y son como la representación de la espontaneidad, alegría y picardía caribe y son el pretexto para hablar de dos de las piedras preciosas que se llaman ambar y larimar, dos regalos de la naturaleza en la República Dominicana.
La piedra azul o piedra del amor fue descubierta en el año 1974 y se le llama Larimar o pectolita azul, mientras que el ámbar es una resina fosilizada de entre 40 y 60 millones de años y se produce en los árboles de algarrobo, como la cera que se escurre de los pinos sabaneros de Colombia.
En el centro del Santo Domingo, capital dominicana, se encuentra el Museo del Larimar y el Ambar.
La historia de Larimar se inicia a principios de este siglo y es de reciente descubrimiento en la parte oriental de la isla Caribe, en la región de Barahona.
Según el relato de los encargados del museo, unas piedras azules que llegaban al mar llevaron hasta los yacimientos de pectolita, que es considerada como una gema de la suerte. La piedra fue hallada en 1974 por personas que trabajaban en los cuerpos de paz, el ciudadano norteamericano Norma Riding y Miguel Méndez.
Larimar es el compuesto de Larisa, la hija de uno de los descubridores de la piedra y de mar, por el lugar en dónde fue hallada.
En este museo de la capital dominicana, en este espacio bellísimo en el que es posible sorprenderse por la belleza de estas piedras azules que traía el mar y con el que se elaboran collares, aretes y toda clase de joyas, también hay un rincón para exaltar la belleza natural del ámbar.
Esta es una resina que se forma en el árbol del algarrobo y que en algunos casos tiene insectos, palos y hojas congeladas en su interior desde tiempos remotos, lo que le da un encanto especial.
En República Dominicana los mayores yacimientos de ámbar se encuentran en Santiago y Puerto Plata y es allí donde se asienta una importante industria en la que se elaboran distintas joyas.
Larimar, la piedra azul como el mar, piedra espiritual que es como el símbolo del amor y el ámbar, la gema de la suerte, dos joyas de la naturaleza de la que están orgullosos los dominicanos.

Monday, November 27, 2006

JUGUETEANDO EN LA CASA DE BOLIVAR EN CARACAS

A muchos de chiquitos los arrullaron con la ronda infantil que dice que Simón Bolívar nació en Caracas en un potrero lleno de vacas. Un juego de palabras solamente, porque en la capital venezolana el guía de la casa en dónde nació el libertador insiste en que el pequeño Simón jugaba en el patio del Granado, un árbol de granadilla que estaba siempre florecido.
Más bien nuestro anfitrión en la casa caraqueña, en lugar del versito del corral lleno de vacas, nos recitó una copla popular muy conocida que se refiere al lugar en dónde se concentraba la mayor actividad lúdica del libertador Simón Bolívar.
El versito dice :"El niño Simón Bolívar
tocaba alegre tambor
en un patio de granado
que siempre estaba en flor".
De tal manera que ahora acabamos de descubrir por cuenta de este diligente guía que los jugueteos del niño Simón no fueron en un corral lleno de vacas, sino en un patio lleno de granados en flor de esta bellísima casa de 14 salas y cinco patios, en la que nació el niño Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Palacios y Blanco.
La casa data del año 1641 y pasó a ser casa de la familia Bolívar desde 1772. Aquí nacieron todos los hijos de la familia Bolívar, en esta vivienda en la que solamente los pisos son originales de la época.
Simón Bolívar nació en la alcoba principal, que es un cuarto especial que servía para guardar los regalos en las fiestas, en dónde eran llevadas las señoras embarazadas y era usada para el velatorio de los difuntos.
Se encuentra esta vivienda a unos 200 metros de la plaza mayor de Caracas y actualmente se encuentra entre calles anchas, empedradas y con acequias suficientes para encauzar el agua en época de fuertes lluvias.
En 1912 se recupera la vivienda ubicada en San Jacinto a Traposos y se convierte en Museo Nacional, carácter que hoy mantiene.
Para los muchachos de colegios que visitan este lugar, la casa es nada más ni nada menos que un laberinto por la cantidad de habitaciones y patios en la que se puede jugar a las escondidas y en la que incluso asustan.
En la vivienda ubicada en el entorno de la plaza mayor en la zona colonial de Caracas, se pueden apreciar las telas y paredes pintadas por Tito Salas, reconocido pintor venezolano, las cuáles registran hechos importantes de la vida del Libertador, piezas de muebles antiguos, enseres y objetos diversos de la época del libertador de los siglos 17, 18 y 19 que fueron donados por la gentes de la ciudad.
En esta casa franqueada por dos ventanas inmensas, un escudo de armas esculpido en piedra y una puerta de madera maciza, se puede evidentemente jugar a las escondidas y es obligatorio tomarse una foto debajo del cedro de más de 300 años en el que Bolívar estudiaba con su maestro Andrés Bello.
La última vez que Simón Bolívar estuvo en esta casa del centro de Caracas fue en 1827, cuando asistió a una cena en su honor y luego regresarían sus despojos mortales que reposaron en una casa vecina que es hoy Museo Bolivariano, en una urna madera y luego fueron llevados al Panteón Nacional, en dónde reposan actualmente.

Wednesday, November 22, 2006

PUENTE DE LOS SUSPIROS


Como con nuestros amigos periodistas colombianos y bolivianos, en Lima Perú hay que buscar un buen restaurante para probar el cebiche, que es considerado el plato nacional de este país, tan generoso en gastronomía, como en su geografía y su música.
Una buena cerveza Cristal o Cusqueña es necesaria para acompañar la generosa comida de mar del Perú.
Tomar un buen pisco sour, disfrutar de una papa a la huancaina, un anticucho o una pancita, es un verdadero placer cuando se pasa por Lima.
Caminar por el centro histórico e ir en busca de los fantasmas del viejo barrio de Barranco y escuchar la historia la eterna música de Chabuca Granda, que aquí compuso varios de sus temas más emblemáticos como José Antonio, cuya efigie preside el lugar.
Los enamorados buscan este lugar y piden un deseo cuando pasan por encima del puente de los suspiros y yo mientras tanto escribo algo para eternizar mi presencia vital en este sitio.
"El Pacífico trae las nostalgias cantadas por Chabuca Granda y ella con sus ojos negros y redondos presiente la esencias remotas de La flor de la canela, mientras abajo del mirador el mar dibuja su espesura.
Seres juguetones que no han hallado tranquilidad para su espíritu se pasean por los alerones antiquísimos del distrito de Barranco y Lima, lo mismo que los seres inasibles inventados por los poetas ebrios de libertad del barrio La Candelaria de Bogotá. Entre las sombras apenas presentidas, resuena la vieja madera del antiguo Puente de los Suspiros "escondido entre follajes y añoranzas", como cantaba Chabuca y cansados faroles iluminan su nueva estructura.
Son apenas un eco lejano los pasos de quienes van embebidos de una eterna nostalgia en busca del río transparente que murió sin remedio ante la mirada impasible de la alameda centenaria.
Ella es apenas una figura insinuada que trasciende en medio de la rumba frenética de medianoche y es una sonrisa que se escapa del restaurante Cantarana, que más parece un taller de mecánica.
Con una levedad insinuada ella va en busca de la plaza iluminada y sólo se ven dos ojos grandes que levitan.La magia de la noche juega sus trampas y ella no sabe si es un suspiro que pasa por el puente marcando territorio con su frágil pisada o un fantasma sediento que busca redimir su espíritu en la dura madera anudada a la tierra".

Wednesday, November 15, 2006

EN BUSCA DEL SOROCHE EN QUITO

Un centro histórico evocador y que invita a recorrerlo, propicia el encuentro con una Quito que es el resumen de lo español y lo indígena, de esa simbiosis maravillosa en la que es posible hallar templos arquitectónicamente bellos, lugares coloniales y espacios para confrontar y mirar a la cara el pasado.
Quito es una ciudad construida sobre las faldas de las imponentes montañas andinas. Su centro histórico acaba de ser remodelado, está bellamente iluminado y es un verdadero placer caminar por allí en la noche.
El lugar por excelencia para visitar en la capital ecuatoriana es su centro histórico, aunque está el referente del monumento de La Mitad del Mundo o el cerro del Panecillo, desde el que es posible ver como se extiende sobre la imponente montaña la capital ecuatoriana.
Sin embargo, hay un lugar espectacular que es necesario visitar cuando se viene a Quito y es el imponente Pichincha. Desde la falda del cerro es posible ascender en el teleférico construido por una empresa francesa y que sube desde el sector de La Casa a 2950 metros hasta Cruz Loma, ubicada a 4.050 metros sobre el nivel del mar.
Dos indígenas ecuatorianos con una pinta bastante moderna interpretan la quena ancestral y la guitarra eléctrica para presentar una curiosa versión de Chiquitita del grupo sueco Abba con un sonido andino, poco antes de iniciarse el ascenso en una de las 18 cabinas del teleférico.
La ascensión es como ir al soroche, porque allí inexorablemente se termina por ver estrellas. En esta montaña la primera recomendación es caminar despacio para no agitarse demasiado y por nada del mundo puede intentar correr so pena de perder el aliento.
Desde allí es posible ver a Quito en toda su dimensión, la Quito colonial y colorida, la moderna agrupada en la parte norte, el aeropuerto Mariscal Sucre que obliga a que los aviones tengan que pasar entre los altos edificios para aterrizar y al fondo el Valle de Los Chilos.
Desde arriba del imponente Pichincha, Quito se ve como una ciudad con un gran contraste de colores en una mañana gris y fría, mientras se asciende hacia la parte más alta de la montaña, en un recorrido que dura algo más de siete minutos.
Allí arriba la visión es magnífica, la inmensidad de los caminos que se recorren en medio del ahogo, los frailejones y la naturaleza golpeada por el incesante viento y la neblina y las voces entrecortadas de los niños y los mayores que disfrutan aquí del ascenso.
Aquí no se puede subir con chuchaqui, es decir enguayabado, pues la rudeza de la altura pega fuerte cuando uno quiera caminar por el borde más alto de la montaña, conocido como Cruz Loma y hasta la voz se entrecorta, por el jadeo y la fatiga.
Venir a Quito obliga a subir en el teleférico para tener la visión magnífica de la capital ecuatoriana construida entre la helada geografía de estas montañas agrestes.

Monday, November 06, 2006

UN CAFE CON LOS FANTASMAS DEL TORTONI



El café Tortoni de Buenos Aires es un lugar mágico y por él han pasado importantes figuras de la cultura mundial como Jorge Luis Borges, Carlos Gardel y Alfonsina Storni, congelados en esas esculturas al lado del ilustre hijo de Cucaita, Indalecio Castellanos.
Edmundo Guiborg había escrito que al estar en el Tortoni se siente que los fantasmas comparten su pocillo, para hablar del carácter de este lugar declarado sitio de interés cultural de la capital argentina.
En la presentación institucional se lee que "fue fundado en el año 1858 y es el más antiguo de Argentina. Entre sus enmaderadas paredes, junto a sus mesas de roble y mármol verde, se sentaron Alfonsina Storni, Benito Quinquela Martín, Carlos Gardel, Baldonero Fernández Moreno, Luigi Pirandelo, Federico García Lorca y Arturo Rubinstein entre otros artistas, hombres de letras y parlamentarios que traspasaron algo de su personalidad a este tradicional café, inseparable ya de la historia de Buenos Aires".
En este lugar, ubicado en la Avenida de Mayo, muy cerca de la Plaza de Mayo y la Casa Rosada, está el Tortoni, un bellísimo lugar en el que hay que hacer una larga fila para acceder a tomar chocolate con churros, café, una leche merengada o disfrutar de un lomito en pebete, un plato de quesos con aceitunas o simplemente un sandwich.
En el libro de visitantes alguien escribió que este café es "esencia de lo antiguo e increible pedazo de la historia viva de la capital argentina".
Otro escribió un poema que dice :
"Avenida de Mayo 825
un tango de fondo
charlas de café
en este santuario de toda una vida
se juntan Benito, Pichuco y Gardel.
Te acordás hermano
se pregunta Borges
de todas las cosas
que el tiempo ha borrado".
Aparte de Borges, Gardel y Storni, por aquí han pasado Federico García Lorca, Ernesto Sábato, Gabriela Sabattini, Atahualpa Yupanqui, el Rey Juan Carlos y Joan Manuel Serrat.
La exprimera dama de Estados Unidos, Hillary Clinton estuvo aquí el 16 de octubre de 1997 y escribió "que lujo visitar un pedazo de historia y disfrutar tanto del ambiente, como de la deliciosa comida".
El Tortoni es el paradigma del café porteño fundado por un inmigrante de origen francés y tomó su nombre prestado de un establecimiento de París en el que se reunía la élite de la cultura francesa del siglo 19.
Aquí durante muchos años se emitió en vivo "La venganza será terrible", un programa humorístico y de crítica social, que reunía después de la medianoche a los contertulios alrededor del café o un buen vino, para escuchar las historias divertidas de los hombres de radio.
José Gobello decía que "el turista que llega a Buenos Aires tiene toda la ciudad en el Tortoni, el pasado en las paredes, el presente sentado en las mesas, el futuro en el entusiasmo de la gente que trabaja allí por la cultura".
Como dice la presentación en su página de internet "a esa hora incierta de la tarde cuando los ángeles derraman lo imposible", por siempre estará vivo el espíritu de Gardel, Borges, Storni o Sábato tomando chocolate con churros en El Tortoni, mientras afuera hasta bien entrada la madrugada late de vitalidad y de entusiasmo el centro de Buenos Aires, muy cerca de la Casa Rosada, que refulge en la oscuridad.

Thursday, November 02, 2006

CAMINANDO POR EL CONDE PEATONAL


Mientras el eco insistente de la bachata y el merengue se escucha en la caribeña capital de República Dominicana atafagada por el sol canicular de la mañana, escudriñamos en su memoria histórica, para visitar el Parque de Independencia, que recuerda la liberación del yugo del vecino Haití y para dar un paseo por el Conde Peatonal, en la zona colonial de Santo Domingo.
Frente al conde está la puerta de las fortificaciones de piedra que durante años defendieron a la ciudad de piratas y filibusteros y una vez se logra franquear, se encuentra uno de frente con el monumento de esa especie de trinidad histótica que conforman los próceres de la patria Sánchez, Duarte y Mella.
Enfundados en sus impecables trajes blancos y azules (como en la foto) que refulgen en medio del calor reverberante, los oficiales de la Fuerza Aérea Dominicana cuentan a los turistas la historia del mausoleo, en dónde reposan las cenizas de los próceres locales.
Mientras se camina por el Conde Peatonal, construido en honor al conde de Peñalba, desde casi todos los negocios de artesanías, los cafés y establecimientos comerciales, sigue sonando intenso y feliz el ritmo del merengue.
Juanes suena en la pizzeria Petrus, cerca de la esquina Santome y un poco más allá en El Dolarazo, se escucha una canción de Kryspy y Julián cantan a todo pulmón su canción La Querida, que habla del fastidio que siente un pobre hombre por su mujer.
Entre bachata y merengue se llega hasta la Plaza con la que una estatua de bronce de don Cristóbal Colón cagada por las palomas, nos recuerda la historia de este hombre que llegó de a estas tierras por fìsico despiste y a sus espaldas, la belleza magnífica de la arquitectura de la Catedral Primada, creada por el Papa Julio Segundo el 8 de agosto de 1511 y de la que dependieron por muchos años las diócesis de Santa Martha y Cartagena, en Colombia, entre otras regiones de América.
Las calles adoquinadas de la ciudad colonial evocan el romanticismo de aquella época, con sus robustas fachadas de piedra y sus pequeños cafés y bares en cercanías del río Osama, que divide en dos a la ciudad y desde dónde se escapa la intensidad de la música.
De noche, la calle de La Atarazana, presidida por la bellísima casa en la que vivió Diego, el hijo de Cristóbal Colón y las plazas de su alrededor, toman vida como el sitio de encuentro de dominicanos y visitantes.
Desde allí se observan las brillantes luces del Faro a Colón, ubicado del otro lado del río Osama, y que según los dominicanos, aloja los restos mortales del descubridor.
En uno de los salones del Faro a Colón estàn desde el 17 de junio de 1998 varias réplicas de piezas del Museo de Oro de Bogotá, cerámicas de indígenas e instrumentos musicales colombianos, como una muestra representativa del único país que honró con su nombre a Colón.
Los sonidos de tambores que se escuchan en la Plaza Duarte en las noches mientras cientos de dominicanos y extranjeros se toman una cerveza Presidente o Bohemia, recuerna que hay una historia, unos orígenes, una cultura que es similar y que en Cartagena, Santo Domingo, La Habana o San Juan, nos pertenecemos a las mismas raíces.
Entre el bullicio de los cientos de visitantes que se pasean por las calles coloniales de Santo Domingo tomándose un ron Brugal o una Presidente "vestida de novia", es decir bien helada, cada noche se pasean los fantasmas de bucaneros, conquistadores y dictadores que azolaron esta tierra cálida y caribe.

Wednesday, November 01, 2006

SANTO DOMINGO, EL TERRIBLE CARIBE


Santo Domingo, capital de República Dominicana, es una ciudad que encarna el esplendor del viejo mundo y su arquitectura colonial que se asemeja a Cartagena, pero también se abre a la sofistificación del mundo moderno.
Proclamada por la Unesco como patrimonio de la humanidad, Santo Domingo es una ciudad fundamental para la conquista y evangelización por parte de los españoles y en el casco histórico està la primera catedral de América, el primer fuerte, el primer monasterio, hospital, la primera universidad, la primerta calle y el primer palacio fundado en esa parte del continente, luego que Cristóbal Colón llegara a la tierra de los indios Tainos.
Una visita por esa ciudad recostada sobre el Oceáno Atlántico, puede uno iniciar conociendo la historia de la bachata, ese ritmo tradicional que se parece en su origen y sus acordes al vallenato colombiano.
La bachata cuenta las historias de desarraigo y del desamor, por tantos dominicanos que siguen buscando mejores perspectivas en otros lugares del mundo.
Pese a que hay campañas para pedirle a los dominicanos que no se vayan en yolas, que son embarcaciones repletas de gentes que buscan llegar a Puerto Rico y luego hasta los Estados Unidos, a veces son dramáticas las historias de naufragios y la inmigración es bastante alta y ello sirve para escribir canciones como la de Jaime Zabala que se llama "El que tiene su mujer en Nueva York no tiene nada".
U otra canciòn que define el carácter de muchos dominicanos que sueñan con salir de la pobreza y convertirse en lo que en Santo Domingo se llaman los Dominican York, una historia que se llama "Lo que le pasó a José", interpretada por Luis Vargas.
La bachata es un ritmo de cuerdas y percusión que tiene su nacimiento en República Dominicana y que podría decirse es una mezcla de bolero de cuerdas y el son cubano.
La bachata tiene sus inicios en la década del 60 durante una difícil situación que afrontaba el país tras el derrocamiento del dictador José Leonidas Trujillo.
En su origen la bachata fue considerada por muchos como un ritmo que gustaba a la gente de clase baja, música de campo, música para emborracharse nada más y que no se vendía en las tiendas frecuentadas por clase media y alta de República Dominicana.
En los sesenta sólo Radio Guarachita transmitió bachata y este ritmo sólo se conoció a nivel internacional cuando Juan Luis Guerra sacó al mercado su Bachata Rosa en 1989.
Muchos de los vallenatos colombianos se han convertido en temas de bachata y suenan con éxito en las radios locales en República Dominicana.